Destacada

Maternidad y paternidad en cuarentena: una oportunidad para hacer lazo con nuestro hijo preescolar.

[PARA DISPOSITIVOS MOVILES PUEDES IR AL FINAL DE ESTA PÁGINA Y ACTIVAR LA FUNCIÓN «VER SITIO COMPLETO» PARA SALIR DEL MODO LECTOR Y TENER VISUALIZACIÓN COMPLETA]
Texto por Lcdo. Manuel A Velásquez Alvarado , Psicólogo Clínico y Psicoanalista Infantojuvenil
img_0651
Photo by Manuel Velásquez on entre-dichos.blog

«No puedo pensar en ninguna necesidad de la infancia tan fuerte como la necesidad de la protección paterna»

Sigmund Freud

El COVID19, y su cuarentena, ha transformado nuestras vidas, nos reta a repensar nuestro contexto y nos obliga a adaptarnos a nuevas realidades. Nuestras dinámicas familiares se han modificado y la expectativa de lo que esperamos de los centros escolares también. Además del estrés social y laboral se suman las preocupaciones sobre la educación de los niños, nos hacemos preguntas sobre cómo ¿se verá afectado su aprendizaje?, ¿qué impacto tendrá en la calidad de su educación?, ¿Cuál es el rol de los centros educativos en este momento?. Todas estas preguntas son legítimas y requieren una respuesta, sin embargo, en el caso de los niños en edad preescolar estos cuestionamientos tendrán respuestas muy particulares, algunas incluso inesperadas.

El contexto y edad preescolar (preparatoria y primaria baja) es sustancialmente diferente al contexto de la edad escolar (primara alta y secundaria); el segundo tiene como objetivo la transmisión de conocimiento formal académico, mientras que el primero (el preescolar) tiene como objetivo la trasferencia de valores generales que fundamentan a la familia del niño, el entendimiento de las dinámicas y los vínculos primarios, la introducción a una cosmovisión, las relaciones filiales y el primer acercamiento al entendimiento del mundo. Es aquí donde capitalizando esta crisis sanitaria mundial, en el contexto de una cuarentena, se abre un espacio irrepetible para hacer lazo con nuestros hijos.

man and woman drawing hearts with their child
Photo by Gustavo Fring on Pexels.com

En la primera infancia se inscribe la confianza, es por ello que en esta etapa los cuidados maternos, la resolución de las necesidades del niño, son las primeras manifestaciones de amor para el menor. Si durante esta etapa el afecto de los padres no es sostenido ni adecuado, el niño es rechazado o descuidado, puede causar en él desconfianza y temor excesivo por su bienestar, lo que eventualmente impactará en su comportamiento y en sus relaciones con los otros. Los niños que en la primera infancia no desarrollen un lazo estrecho y saludable con su madre serán adultos que, muy probablemente, tendrán dificultades para establecer vínculos saludables.

Durante los primeros seis años de edad los niños inician el desarrollo de autonomía física y emocional, es también durante esa etapa que se sientan las bases para la autorregulación y autocontrol. Si sus padres entorpecen el perfeccionamiento de estas habilidades, demandándoles que hagan cosas para las cuales no están aún preparados o, en el otro extremo, haciendo las cosas por ellos aun cuando ya tienen la capacidad y aptitud para hacerlo, pueden generar distorsiones sobre sus capacidades y autoconcepto (sobreprotección e hiperprotección). Por otro lado, si los padres censuran, limitan y corrigen en exceso sin valorar las necesidades propias y esperables para cada etapa de su desarrollo, es esperable que los niños tengan dificultades para entender, interpretar e incorporar al mundo, así como retos considerables para su autorregulación en la sociedad.

IMG_7327
Photo by Manuel Velásquez on entre-dichos.blog

En la etapa preescolar el amor tiene diferentes expresiones, se demuestra impulsando la independencia, desarrollando la curiosidad y la creatividad, favoreciendo la iniciativa y promoviendo la soberanía en los niños. Aquellos padres que no favorecen espacios para que los preescolares operen desde la autonomía y limitan o castigan al comportamiento del infante, desarrollaran en ellos sentimientos de inadecuación, culpa y rebeldía atreves de límites demasiado rígidos o, en el reverso, la ausencia de estos o relaciones de hiperprotección. Crecer en contextos como estos fundamenta, en la vida adulta, la inhibición del ánimo, la dificulta para enfocarse o trazar metas y alcanzarlas.

Por otro lado, cuando se evalúan – en el consultorio o en el centro escolar – las peculiaridades de las aptitudes en los niños, relacionadas al afecto paterno-materno en los primeros años de vida, se diferencia la imprescindible relación entre este y la disposición en el interés de los niños de aprender y en relacionarse apropiadamente dentro del contexto escolar y social; Además de haber una relación directa con un mayor compromiso en el trabajo escolar y su aprendizaje, se evidencia mayor motivación e interés por las ocupaciones escolares y las relaciones saludables con sus pares y maestros.

La aceptación de las particularidades de cada niño, el reconocimiento de sus capacidades y sus insuficiencias, el respeto y consideración que los padres tienen hacía ese pequeño sujeto en cierne, es fundamental para la conformación de la subjetividad y la afectividad. Es en la familia donde los niños tienen acceso a las primeras y principales relaciones afectivas, tanto positivas como negativas. Si los niños, en el contexto familiar, se sienten aceptados y respetados será para ellos más fácil la integración al ambiente escolar. La familia es un sistema en constante trasformación que se integra a otros sistemas como el biológico, el social, el escolar y el cultural; es un régimen dentro del cual nacemos, nos desarrollamos y morimos.

kid eating sweets in kitchen with family
Photo by Andrea Piacquadio on Pexels.com

«Es solo cuando los sentimientos de los padres son ineficaces o demasiado ambivalentes o cuando las emociones de la madre están ocupadas temporalmente en otra parte que los niños se sienten perdidos»

Ana Freud

Dentro de los salones preescolares hay una gran pluralidad en los niños, cada uno de ellos con sus propias particularidades y sus oportunas formas de proyectar la peculiar manera en que sus madres y padres les manifiestan respeto, seguridad, confianza e independencia. Las maestras y maestros de preescolar coadyuvan al proceso de maduración y desarrollo de los niños trasmitiéndoles conocimientos para la vida. Sin embargo, en esta etapa de la vida los mayores aprendizajes vienen de los padres, de la familia, es por esto que, en esta etapa decisiva para el desarrollo afectivo, la presencia y la calidad de los modelos paternos son determinantes para los niños.

Es por esto que si bien, los conocimientos duros y las habilidades que los chicos se adquieren en el preescolar, son necesarios y significativos para aprender a lidiar con el mundo, en la edad preescolar lo irreductible e indispensable es el aprender sobre el afecto y sobre los vínculos, sobre el manejo emocional, sobre valores y relaciones humanas, lo cual su principal escenario es la familia.

woman wearing white sleeveless top
Photo by Valeria Ushakova on Pexels.com

En contextos como el actual, una prolongada cuarentena, nuestra preocupación no debe enfocarse en los aspectos académicos que posiblemente (y naturalmente) se estén retrasando para los chicos, ya que estos son recuperables en el corto plazo y seguramente los centros educativos están ideando la forma de rescatar el tiempo y los contenidos. Entonces nuestro enfoque debe estar en re-crearnos como padres, en identificar la oportunidad de fortalecer nuestro modelo de crianza, de reinventar la manera en que nos vinculamos con ellos y de cómo ejercemos una paternidad que cumple una función reguladora y referente.

Es también un momento, seguramente irrepetible durante esta etapa tan fundamental para los infantes, para conocerlos y reconocerlo, saber de ellos, de sus emociones, de sus retos, de su potencial, de sus pensamientos, de las motivaciones de su conducta, de sus vicisitudes, de sus sueños y deseo. Definitivamente esto es, por mucho, más importante para el futuro y para vida de los más pequeños que el aprendizaje escolar retrasado por unos meses.

Contacta con entre-dichos, haz clic acá

Destacada

No es terapia en línea, ni vínculo virtual, es: ¡suplencia y subversión en época del distanciamiento social!

[PARA DISPOSITIVOS MOVILES PUEDES IR AL FINAL DE ESTA PÁGINA Y ACTIVAR LA FUNCIÓN «VER SITIO COMPLETO» PARA SALIR DEL MODO LECTOR Y TENER VISUALIZACIÓN COMPLETA]
smartphone on an open book
Photo by ready made on Pexels.com

«Hoy un virus nos obliga al distanciamiento físico social, limita el hacernos presentes con el cuerpo en nuestras sesiones. Analistas, terapeutas y pacientes nos vemos en la encrucijada de adoptar nuevas y temporales formas de encuentro. La modalidad virtual, sobre todo en aquellos casos de urgencia subjetiva, es una suerte de suplencia, de la cual nos podemos valer, para que el proceso de la cura subsista. Valerse ahora de un medio digital, y no suspender, será una subversión a ese principio de realidad (contemporáneo) llamado cuarentena.»

Manuel A. Velásquez Alvarado, psicoanalista y psicólogo clínico

 

Contacta con entre-dichos, haz clic acá

¿De qué sirve un maestro? [en la era de la Inteligencia Artificial]

Por Mgtr. Manuel Antonio Velásquez Alvarado, Psy

Hace unos años leía un artículo del escritor italiano Umberto Eco en el periódico «La Nación» de Argentina titulado «¿De qué sirve un profesor?». Este artículo me motivó a escribir una primera versión de este texto, que hoy, años después, me parece interesante reescribir en el contexto actual: ¿De qué sirve un maestro? [en la era de la Inteligencia Artificial]

El artículo de Umberto Eco plantea una cuestión fundamental: en tiempos donde la información es accesible para todos y desde diferentes medios, ¿por qué necesitamos aún a los profesores? Desde una perspectiva limitada sobre la labor docente, la respuesta es sencilla: no sirven de nada. En la actualidad, a la mirada de Eco, se suma el auge de la Inteligencia Artificial y las implicaciones para el acceso y gestión de la información y el conocimiento. En este contexto un maestro, que únicamente funge como un transmisor de información/conocimientos a sus alumnos, porque cree que él sabe y ellos no, se constituye en un actor cada vez más innecesario en el proceso educativo. Será un actor que no solo dejará de tener importancia, sino que tenderá a desaparecer.

La práctica clínica con niños y adolescentes, así como mi trabajo como docente universitario en los últimos años, me ha llevado al contexto de la escuela y a la ineludible y necesaria reflexión sobre la labor de un maestro. La función de estos en la vida de un niño, adolescente e incluso joven universitario es imprescindible cuando entendemos que se trata de acompañarlos a que aprendan, no a enseñarles; la diferencia es abismal. La docencia debe ser un gesto-acto liberador.

Paulo Freire (1970), en su obra «Pedagogía del oprimido», enfatiza la importancia de un enfoque liberador en la educación y sostiene que “la educación no cambia el mundo, cambia a las personas que van a cambiar el mundo” (p. 34). Esto resalta el papel del maestro no como transmisor de conocimientos, sino como facilitador del desarrollo crítico y liberador del estudiante.

Jacques Rancière en su lectura de Jacotot, en «El maestro ignorante», también aborda este tema al argumentar que la verdadera educación no es sobre la transmisión de conocimientos, sino sobre el despertar del potencial intelectual de los estudiantes. Rancière (1991) afirma que “enseñar lo que se ignora no es la misma cosa que enseñar lo que se sabe” (p. 12), subrayando que el proceso educativo es más acerca de guiar que de instruir.

La teoría de la complejidad, aplicada a la educación, también proporciona una perspectiva enriquecedora y es en ese sentido en que Edgar Morin, uno de los principales exponentes de esta teoría, en «Los siete saberes necesarios para la educación del futuro», sostiene que “es necesario enseñar una manera de aprender a aprender” (Morin, 1999, p. 25). Esto implica que el rol del maestro es ayudar a los estudiantes a navegar y comprender la complejidad del conocimiento, fomentando una educación que promueva el pensamiento crítico y la interconexión de saberes.

Sin embargo, la reflexión no está dirigida únicamente a cuestionar el futuro de la existencia de los maestros; también nos invita a cuestionarnos sobre qué tipo de maestros somos y debemos ser en la actualidad. Hoy podemos elegir entre ser de aquellos maestros que creen saberlo todo y enseñan a los estudiantes “que no saben nada”, o podemos elegir ser aquellos maestros que se reconocen como facilitadores que, desde la experiencia docente, pueden acompañar a sus pupilos en su proceso personal de aprendizaje, donde se les puede ayudar a ordenar, organizar e interpretar toda esa información y conocimiento al cual ya tienen acceso, no solo en la escuela, sino en sus hogares y comunidades.

El ser maestro es una elección y el ser un docente comprometido también; somos tan buenos maestros como lo elegimos ser. En un artículo anterior, «Maternidad y Paternidad en Cuarentena», hago referencia a la importancia de las maestras preescolares y cómo su función primordial es acompañar a los chicos a la introducción al mundo y ayudarlos a lidiar con sus vicisitudes, al mismo tiempo que hacen del conocimiento académico una herramienta para coadyuvar al niño a lidiar con la experiencia del mundo exterior. Creo que esta función sigue siendo fundamental en la primaria y secundaria, incluso en los primeros años de universidad, ya que estas también son etapas fundamentales en la constitución del sujeto; ergo, un mentor que los acompañe a transitarlas se constituye en algo fundamental.

En el contexto actual, un nuevo reto se presenta con el auge de la inteligencia artificial (IA) en la educación, ya que esta ofrece herramientas poderosas para personalizar el aprendizaje, automatizar tareas administrativas y proporcionar análisis detallados del progreso estudiantil. Sin embargo, también plantea desafíos significativos y dilemas éticos y prácticos en el proceso educativo. Según Freire (1970), “la educación debe ser una práctica de libertad, dirigida hacia la autonomía del estudiante” (p. 45). La IA, si no se usa adecuadamente, puede llevar a una educación aún más mecanicista y deshumanizada.

Jacques Rancière advierte sobre el peligro de depender demasiado de las tecnologías en el proceso educativo, en «El maestro ignorante», Rancière (1991) argumenta que “la verdadera educación depende de la relación humana y el diálogo, no de la tecnología” (p. 78). La introducción de la IA debe ser equilibrada con la necesidad de mantener la interacción humana y el desarrollo de habilidades socioemocionales.

La teoría de la complejidad también sugiere que la educación debe preparar a los estudiantes para enfrentar la incertidumbre y la complejidad del mundo real, Morin (1999) sostiene que “la educación no debe ser un proceso de transmisión de conocimientos cerrados, sino de formación para la autonomía y el pensamiento crítico” (p. 50). La IA puede ser una herramienta útil, pero no debe reemplazar el rol crítico del maestro como facilitador de este tipo de aprendizaje.

Ahora más que nunca, se hace necesaria una intervención docente que dé cabida a la peculiaridad de cada sujeto y, desde ese lugar, constituir un camino de aprendizaje que dará cabida a la particularidad del uno por uno. La función docente, irreductiblemente, sin dejar de lado lo agotador que puede llegar a ser, implica siempre una responsabilidad más allá de la enseñanza de una materia: facilita herramientas y habilidades para la vida. Ese profesor que es facilitador y no transmisor de conocimiento tiene mejores posibilidades de contribuir al crecimiento y desarrollo integral de los niños y jóvenes, y de aportar a la construcción de una mejor sociedad y un mejor país.

Dinámicas familiares adversas, modelos de crianza disfuncionales, problemas de aprendizaje, inhibición o simplemente las vicisitudes propias de cada edad son parte de la trama diaria que niños y jóvenes desplazan a la escuela. Muchos chicos parecen estar sentenciados al fracaso escolar y no es hasta que un afortunado día un maestro o maestra les cambia la vida. De pronto, alguien es capaz de dirigir hacia ellos una mirada y una lectura de su comportamiento diferente y decide acompañarlos, transitar con ellos un nuevo camino y disponer de auxiliarlos para destacar sus talentos y capacidades. Se constituye en una suerte de héroe, de mentor, que llega a marcar vidas y las transforma, como en esos casos que dan fe de haber sido ¡Salvados por un Maestro!

En la pandemia que vivimos entre el 2020 y el 2022, a pesar del distanciamiento físico-social y la virtualidad impuesta, muchos de los maestros y maestras tuvimos la oportunidad de reinventar nuestra función. Desde esa inédita experiencia los maestros se constituyeron en un lazo entre los niños y el mundo exterior, un mundo que fue para ellos, gracias a sus maestros y maestras, menos amenazante. Con la crisis sanitaria que llevó al cierre de los centros educativos, el papel del maestro no dejó de ser necesario; todo lo contrario, su función se transparentó y se hizo cada vez más indispensable como facilitador y acompañante de los niños y jóvenes, pero también de sus padres en la acción liberadora de aprender. Esto es una muestra que la historia retará siempre el lugar (y la existencia) del maestro. La labor docente es compleja y, en muchos casos, en contextos adversos. Hay mucha diversidad en el salón, pero aquel maestro que se implica en primera persona con sus alumnos hará cosas asombrosas. 

Este es un día para celebrar ese oficio tan apasionante, pero también es un día para reflexionar sobre nuestro actuar como docentes. Es importante festejar y pensar a profundidad sobre el compromiso que tenemos todos los días en nuestras manos. Mi reconocimiento y gratitud para todos los maestros y maestras que se atreven, en un gesto de rebelión, a hacer de su labor un acto de liberación a la conciencia.

Referencias:

Freire, P. (1970). Pedagogía del oprimido. Siglo XXI Editores.

Morin, E. (1999). Los siete saberes necesarios para la educación del futuro. UNESCO.

Rancière, J. (1991). El maestro ignorante: Cinco lecciones sobre la emancipación intelectual. Libros del Zorzal.

¡A nuestros niños y jóvenes les falta calle, les falta barrio!

Por Mgtr. Manuel A. Velásquez Alvarado, Psy.

En Guatemala se suele usar el dicho popular «tener calle» o «tener barrio» el cual hace referencia a la capacidad de una persona para desenvolverse en situaciones sociales y demostrar un tipo de “sabiduría práctica” adquirida fuera de los entornos formales de educación. Tener calle entonces implica haber aprendido a lidiar con diversas situaciones cotidianas, desde negociar con el vendedor en el mercado o el tendero, hasta resolver conflictos interpersonales con pares. Es una suerte de “inteligencia social” que se desarrolla al interactuar con una amplia variedad de personas y situaciones en espacios públicos, en la calle.

Tener «calle» implica una comprensión social-emocional, de cierta profundidad, de las dinámicas sociales y una capacidad para adaptarse y responder eficazmente a los desafíos que se presentan en la cotidianidad en la vida. Los niños y jóvenes que tienen la oportunidad de «salir a la calle» y participar en la vida comunitaria desarrollan habilidades fundamentales para la vida como la empatía, la resiliencia y la independencia. Estas habilidades son fundamentales para el desarrollo personal y profesional a lo largo de la vida.

En la actualidad una gran proporción de los niños y jóvenes interactúen principalmente a través de dispositivos electrónicos en lugar de participar en actividades físicas y sociales en espacios presenciales no formales (más allá de la familia, la escuela y los centros comérciales). Si bien la disponibilidad de la tecnología proporciona beneficios significativos en términos de acceso a la información, comunicación y conectividad, también ha planteado retos considerables en cuanto al impacto en la salud psicológica de los jóvenes. 

Aunque nuestro primer impulso sería culpar al exceso de dispositivos o a la hiperconectividad de los jóvenes, desde mi perspectiva, el problema reside en un fenómeno social más complejo: la falta de espacios seguros y diversos para la socialización, donde los niños puedan poner el cuerpo y se ponga en juego, junto a sus pares, ante los retos (y maravillas) de descubrir el mundo, siendo parte la de la tribu. La falta es de comunidad, es de barrio. 

La evolución de la socialización juvenil

En otros tiempos, los niños y adolescentes solían pasar tiempo jugando en las calles, parques y otros espacios públicos, desarrollando habilidades sociales cruciales como la resolución de conflictos, la empatía y la colaboración. Estos entornos proporcionaban oportunidades para la interacción cara a cara, lo cual es esencial para el desarrollo emocional y cognitivo. Sin embargo, con el aumento de la inseguridad y los cambios en las dinámicas familiares y laborales, estos espacios han disminuido o se han perdido. Pero el motivo más fuerte es que los adultos, quienes son padres de estos chicos, también han perdido el sentido de comunidad y de barrio.

Cuando imparto alguna charla sobre crianza o tecnología siempre lanzo al ruedo una frase que para muchos es intolerable o como mínimo disruptiva: «los niños pasan tanto tiempo en las pantallas como el tiempo que no estamos dispuestos a dedicarles». Esta frase subraya una realidad importante: el uso excesivo de dispositivos electrónicos por parte de los niños a menudo refleja una falta de atención y dedicación por parte de los adultos en sus vidas y la falta de espacios para hacer comunidad. Reflejando la incapacidad de los adultos a responder creativamente a sus demandas de atención. A esto se suma nuestra incompetencia, como generación que los está criando, para forjar comunidad en su propio entorno. Estamos demasiado ocupados, demasiado estresados o ensimismados para tal faena. 

En muchos hogares, las largas jornadas laborales y otras responsabilidades de los adultos reducen el tiempo que pueden pasar con los niños. Esto no solo limita las oportunidades para la socialización y el desarrollo de habilidades sociales, sino que también puede afectar el vínculo emocional entre padres e hijos. La falta de tiempo y de tiempo de calidad juntos puede llevar a que los niños busquen desahogo y entretenimiento en las pantallas, lo cual, a largo plazo, puede tener efectos negativos en su salud mental y desarrollo emocional.

Estudios recientes muestran que el uso excesivo de redes sociales está asociado con mayores niveles de ansiedad, depresión y problemas de autoestima. 

Más allá de salir a la calle: es hacer comunidad

No se trata solo de que los niños y jóvenes puedan salir a la calle, sino de que estos espacios sean seguros y estén dedicados a actividades que fomenten el desarrollo integral, como el deporte, el arte y la cultura. Los espacios bien diseñados y gestionados pueden proporcionar un entorno seguro y estructurado para la socialización, ayudando a los jóvenes a desarrollar habilidades importantes en un contexto protegido.

No se trata solo de un espacio seguro donde “dejar salir” a los niños y jóvenes, se trata de que adultos y jóvenes salgan a la calle a hacer barrio, a hacer comunidad.

Imagine un barrio donde las calles están llenas de vida y actividad. En cada esquina, niños de diferentes edades juegan juntos, comparten risas y aventuras, mientras los adultos se reúnen en pequeños grupos, conversando y vigilando a los más pequeños. Estos barrios abiertos ofrecen una oportunidad invaluable para hacer comunidad y fortalecer los lazos sociales entre vecinos y pares.

En las plazas y parques del barrio, se organizan regularmente actividades comunitarias como actividades deportivas, talleres de arte y festivales culturales. Estos eventos no solo brindan entretenimiento, sino que también fomentan la participación activa de todos los miembros de la comunidad. Los niños aprenden a trabajar en equipo y a respetar las reglas, mientras los adultos comparten sus conocimientos y experiencias, creando un entorno de aprendizaje mutuo.

Un aspecto fundamental de los barrios y las comunidades abiertas es la seguridad. Gracias a la cooperación entre los vecinos y las autoridades locales, se pueden implementar medidas para garantizar que las áreas de juego y recreación sean seguras para todos. La presencia de adultos supervisando a los niños no solo ofrece tranquilidad a los padres, sino que también promueve un sentido de responsabilidad comunitaria de cuidarnos unos a otros.

Reflexión Inconclusa

Reflexionar sobre el impacto de la falta de «calle» de “barrio” en la salud mental de los jóvenes, debemos preguntarnos: ¿Qué estamos haciendo como sociedad para garantizar que los niños y adolescentes tengan acceso a espacios seguros para la socialización presencial más allá de los centros comerciales y de la limitada interacción en las colonias donde viven? ¿Estamos, como adultos, dedicando el tiempo y la atención necesarios a nuestros hijos, o estamos permitiendo que las pantallas ocupen ese espacio esencial en sus vidas?

Es indispensable reconocer que la solución no reside únicamente en limitar el uso de dispositivos electrónicos, sino en crear un entorno que ofrezca alternativas atractivas y seguras para crear comunidad y hacer barrio. Necesitamos fomentar comunidades donde la seguridad, la cooperación y el apoyo mutuo sean la norma, y donde los jóvenes puedan desarrollar habilidades sociales en un entorno saludable y enriquecedor.

En última instancia, la responsabilidad recae en todos nosotros. Padres, educadores, autoridades y miembros de la comunidad debemos trabajar juntos para proporcionar a nuestros jóvenes las herramientas y el entorno necesarios para su desarrollo integral. Solo así podremos asegurar que las futuras generaciones crezcan con la resiliencia, empatía y habilidades necesarias para enfrentar los desafíos de la vida.

¿Porno Auditivo?

Impacto de la Música con Contenido Sexual y Violento en Niños y Adolescentes

Por: Mgtr. Manuel A. Velásquez Alvarado, Psy.

En la actualidad, la música forma parte integral de la vida de los niños y adolescentes, influenciando no solo su entretenimiento, sino también su desarrollo emocional, social y cognitivo. Sin embargo, la creciente presencia de contenido sexual explícito y violencia en la música, recién nombrado como «porno auditivo», ha generado preocupación entre educadores y profesionales de la salud mental. Este breve artículo examina el impacto negativo de estos contenidos en la población infantil y adolescente desde una perspectiva profesional y educativa, ofreciendo recomendaciones constructivas para padres.

Influencia en el Desarrollo Psicosocial. La adolescencia es una etapa crucial en la formación de la identidad, valores y normas sociales. La exposición frecuente a música con contenido sexual explícito y violencia puede distorsionar la percepción de relaciones saludables y comportamientos aceptables. Estudios recientes han demostrado que estos contenidos pueden fomentar actitudes sexistas y agresivas, además de normalizar la violencia de género (Anderson et al., 2020).

La música con letras explícitas puede influir negativamente en la autoimagen y autoestima de los niños y adolescentes al promover estereotipos de género y expectativas irreales sobre la sexualidad y las relaciones (Ward et al., 2021). La internalización de estos mensajes puede resultar en una mayor aceptación de la cosificación sexual y la violencia como elementos normales de la interacción social (American Psychological Association, 2020).

Impacto en la Salud Mental. La exposición a contenido explícito y violento puede tener efectos adversos en la salud mental de los más jóvenes. Investigaciones recientes han mostrado que este tipo de música puede estar asociado con mayores niveles de ansiedad, depresión y comportamientos de riesgo (Primack et al., 2020). La normalización de la violencia y el sexo casual en la música puede desensibilizar a los adolescentes, reduciendo su capacidad para reconocer y reaccionar adecuadamente ante situaciones peligrosas (Coyne & Padilla-Walker, 2021).

Además, la música puede actuar como un modelo de comportamiento, especialmente para los jóvenes que buscan pertenencia y validación social. Aquellos que se identifican con artistas que promueven estos contenidos pueden estar más inclinados a imitar conductas problemáticas, lo que puede llevar a conflictos interpersonales y problemas en el rendimiento académico (Hansen & Hansen, 2020).

Repercusiones Educativas y Sociales. La influencia de la música no se limita al ámbito personal; también afecta el rendimiento escolar y las interacciones sociales de los adolescentes. La distracción y la falta de concentración resultantes de la exposición constante a música con contenido inapropiado pueden interferir con el aprendizaje y el desarrollo cognitivo (Roe, 2020). Además, la música que glorifica la violencia y la sexualidad puede contribuir a un ambiente escolar hostil, afectando negativamente las relaciones entre compañeros y la dinámica de grupo (Timmerman, Allen, & Waters, 2020).

Recomendaciones para madres y padres

Desde una perspectiva educativa y reflexiva, es crucial que los padres tomen un papel activo en la mediación del contenido musical al que están expuestos sus hijos. Aquí se presentan algunas recomendaciones:

  1. Escuchar y dialogar: Los padres deben escuchar la música que sus hijos prefieren y discutir abiertamente los mensajes y temas que se presentan en las letras. Esto no solo ayuda a los jóvenes a desarrollar una comprensión crítica, sino que también fortalece la comunicación y la confianza familiar.
  1. Fomentar el pensamiento crítico: Enseñar a los adolescentes a cuestionar y analizar los mensajes de la música puede reducir la internalización de contenidos negativos. Los padres pueden guiar a sus hijos en la identificación de estereotipos y comportamientos problemáticos, promoviendo valores positivos y saludables.
  1. Proporcionar alternativas: Ofrecer una variedad de opciones musicales que reflejen valores positivos y diversidad cultural puede ampliar los horizontes musicales de los jóvenes, alejándolos de contenidos perjudiciales.
  1. Modelar comportamientos saludables: Los padres deben ser modelos a seguir en cuanto a la elección de música y el consumo responsable de medios. Esto incluye mostrar cómo disfrutar de la música sin dejarse influenciar negativamente por sus mensajes.
  1. Colaborar con educadores y profesionales: Trabajar conjuntamente con escuelas y profesionales de la salud mental puede proporcionar un enfoque más integral y coherente para abordar los efectos negativos de la música explícita.

La influencia de la música en los niños y adolescentes es innegable, y la presencia de contenido sexual explícito y violencia plantea desafíos significativos para su desarrollo psicosocial y salud mental. En lugar de recurrir a la censura, es esencial que los padres y educadores adopten un enfoque proactivo y reflexivo para ayudar a los jóvenes a navegar por estos contenidos de manera crítica y constructiva. Al fomentar el diálogo abierto, el pensamiento crítico y la exposición a alternativas saludables, podemos mitigar los efectos negativos y promover un desarrollo más equilibrado y positivo.

Bibliografía

American Psychological Association. (2020). Report of the APA Task Force on the Sexualization of Girls. Washington, DC: American Psychological Association.

Anderson, C. A., Gentile, D. A., & Dill, K. E. (2020). Media violence and the development of aggressive behavior in children. Journal of Pediatrics, 176, 1-6.

Coyne, S. M., & Padilla-Walker, L. M. (2021). Sex, violence, and rock n’ roll: Longitudinal effects of music on aggression, sex, and prosocial behavior during adolescence. Journal of Adolescence, 86, 1-12.

Hansen, C. H., & Hansen, R. D. (2020). Music and music videos. En D. Zillmann & P. Vorderer (Eds.), Media Entertainment: The Psychology of its Appeal (pp. 175-196). Mahwah, NJ: Lawrence Erlbaum Associates.

Primack, B. A., Douglas, E. L., Fine, M. J., & Dalton, M. A. (2020). Exposure to sexual lyrics and sexual experience among urban adolescents. American Journal of Preventive Medicine, 36(4), 317-323.

Roe, K. (2020). Adolescents’ media use: A European view. Journal of Adolescent Health, 37(6), 181-188.

Timmerman, G., Allen, J. A., & Waters, K. E. (2020). Music as a “structure of feeling”: Socializing emotion in urban youth. Young, 15(2), 153-173.

Ward, L. M., Day, K., & Epstein, M. (2021). Understanding the role of entertainment media in the sexual socialization of American youth: A review of empirical research. Developmental Review, 23(3), 347-388.

TRANSFERIR EL BIENESTAR

Colaboración para Nueva Narrativa (espacio Menta Humanos en Presa Libre)

Por: Manuel A. Velásquez Alvarado, Psy

Photo by Ketut Subiyanto on Pexels.com

Desde un sentido lingüístico con bienestar nos referimos a una dimensión espacio-temporal. El español nos permite separar el “ser” del “estar”, es decir que el estar alude al espacio y el ser al tiempo. Entonces en términos del idioma podemos utilizar el vocablo bienestar para refe­rirnos a una condición estable, sostenida en el tiempo, tal vez durante toda la vida, del sentirnos bien. Esto puede introducir la discusión sobre la validez de lo que nos puede generar bienestar, no siempre podría ser bueno. 

Por otro lado, la psicología y la salud mental nos propone el bienestar como la usencia de síntomas, como ese estado donde las cosas que nos pueden hacer daño no están, o que al menos las tenemos bajo control; algo que podría tornarse complicado cuando no todo depende de nosotros. Por su parte el psicoanálisis, menos positivista, nos propone el imposible de bienestar desde la perspectiva de las tensiones permanentes con el inconsciente del sujeto. 

Partiendo de esto último es posible entrar a una dimensión diferente de bienestar, la cual podría hacer referencia a una postura ética que se produce de un trabajo intimo e individual. No solo como un estado-transitorio de “estar-bien” sino como una forma, en constante construcción, de los referentes internos, que nos permiten establecer vínculos posibles y de sobre como asumir con valentía y humor la vida y sus vicisitudes ineludibles.

El paternar implica un constante involucramiento en la tarea de la crianza, causa ineludible, intransferible e indelegable. Este proceso implica aprender no solo tácitamente, es decir mientras lo vamos poniendo en acto, sino también de una manera formal compartiendo con otros padres o dejándonos acompañar por expertos. 

Photo by Danya Gutan on Pexels.com

Pero aprender, en cuanto a crianza, no basta para hacernos cargo de acompañar a otro sujeto en ciernes, que se enfrenta constantemente y siempre por primera vez, a las vicisitudes y bondades de estar vivo, del vínculo, de aprender sobre el amor, el dolor, la felicidad y el fracaso. Se requiere también que quienes los acompañamos podamos lidiar con todo ello de una manera funcional y fluida, ¿porque si no como les podremos transferir esa experiencia y herramientas de vida? ¿Cómo les podremos acompañar a crear su propias e inéditas formar de enfrentar la vida?. En este sentido el bienestar, desde esa nueva dimensión que nos planteamos, debe ser algo a lo que debemos poder acceder como personas-padres. 

Cuando hemos logrado esto la crianza deja de ser confusa y caótica y empieza a ser un camino de descubrimiento mutuo, un ejercicio de acompañamiento respetuoso y emocionante. Para que este ejercicio de acompañar devenga en sujetos que sepan vincularse provechosamente, quienes acompañemos deberemos hacerlo también, pero desde eses bien-estar ético. Esto nos pone frente a un decreto ineludible: si queremos hijos de bien deberemos ser, quienes los acompañamos, hombres de bien y para ellos no bastara con aprender sobre crianza, deberemos también, constantemente, procurar nuestros bienestar-ético como producto del trabajarnos, de una manera constante y sistemática, a nosotros mismos hasta las últimas consecuencias. Para que el bienestar no sea solo un estado sino una postura ética frente a la vida. 

¿De qué sirve un maestro? [ … en los tiempos del COVID19]

[PARA DISPOSITIVOS MOVILES PUEDES IR AL FINAL DE ESTA PÁGINA Y ACTIVAR LA FUNCIÓN «VER SITIO COMPLETO» PARA SALIR DEL MODO LECTOR Y TENER VISUALIZACIÓN COMPLETA]
Texto por Lcdo. Manuel A Velásquez Alvarado, Psicólogo Clínico y Psicoanalista Infantojuvenil

pexels-photo-207691.jpeg
Photo by Pixabay on Pexels.com

Hace ya un tiempo leía un artículo del escritor italiano Umberto Eco en el periódico “La Nación” de Argentina, titulado “¿De qué sirve un profesor?”, el cual me provocó escribir una primera versión de este texto, el cual hoy, unos años después, me pareció interesante re-escribir alrededor del contexto actual: ¿De qué sirve un maestro? [ …en los tiempos del COVID19].

El artículo de Uberto Eco plantea una cuestión fundamental: ¿en tiempos donde la información es accesible para todos y desde diferentes medios, porque necesitamos aun profesor(a)?, esta pregunta desde una mirada limitada, sobre la labor docentes, es sencilla de contestar: no sirve de nada. Si vemos al maestro únicamente como aquel que trasmite información y conocimientos a sus alumnos, porque él sabe y ellos no, entenderemos que es un actor cada vez más innecesario en el proceso educativo. Será un actor que no solo dejará de tener importancia, sino que tenderá a desaparecer.

“… y me hice maestro, que es hacerme creador.”

José Martí

pexels-photo-752395.jpeg
Photo by Stephen Paris on Pexels.com

Cada vez más la práctica clínica, con niños y adolescentes, incluso mi trabajo como docente universitario en los últimos años, me ha llevado al contexto de la escuela y a la ineludible y necesaria re-flexión sobre la labor de un maestro o maestra. La función de estos, en la vida de un niño, adolescente e incluso joven universitario, es imprescindible cuando entendemos que se trata de acompañarlos a que aprendan y no a enseñarles; la diferencia es abismal. La docencia debe ser un gesto-acto liberador.

Sin embargo, la reflexión no está dirigida únicamente a cuestionar el futuro de la existencia de los maestras o maestros, también nos invita a cuestionarnos sobre qué tipo de maestros somos y debemos ser en la actualidad. Hoy podemos elegir entre ser de aquellos maestros que, creyendo saberlo todo, les enseñan a los estudiantes “que no saben nada”, o podemos elegir ser aquellos maestros que se reconocen como facilitadores, que, desde la experiencia docente, pueden acompañar a sus pupilos en su proceso personal de aprendizaje. Donde se les puede ayudar a ordenar, organizar e interpretar toda esa información y todo ese conocimiento al cual ya tienen acceso, no solo en la escuela, sino en sus hogares y en sus comunidades. El ser maestro es una elección y el ser un docente comprometido también; somos tan buenos maestros como lo elegimos ser.

«El fin de la educación no es otro que ayudar al niño al desarrollo y desenvolvimiento de sus potencialidades. Es una educación en libertad para la libertad.»

Adolphe Ferriére

pexels-photo-4019754.jpeg
Photo by Arthur Krijgsman on Pexels.com

En un artículo anterior, Maternidad y Paternidad en Cuarentena [ir al artículo], hago referencia a la importancia de las maestras preescolares y cómo su función primordial es acompañar a los chicos a la introducción al mundo y ayudarlos a lidiar con sus vicisitudes, al mismo tiempo que hacen del conocimiento académico una herramienta para coadyuvar al niño a lidiar con la experiencia del mundo exterior. Creo que esta función sigue siendo fundamental en la primaria y secundaria, incluso en los primeros años de universidad, ya que estas también son etapas fundamentales en la constitución del sujeto, ergo, un mentor que los acompañe a transitarlas se constituye fundamental.

Ahora más que nunca se hace necesario una intervención docente que dé cabida a la peculiaridad de cada sujeto y, desde ese lugar y a su lado, constituir un camino de aprendizaje que dará cabida a la particularidad del uno por uno. La función docente, irreductiblemente, sin dejar de lado lo agotador que puede llegar a ser, implica siempre una responsabilidad, más allá de la enseñanza de una materia, facilita herramientas y habilidades para la vida. Ese profesor/a, que es facilitador y no transmisor de conocimiento, tiene mejores posibilidades de contribuir al crecimiento y desarrollo integral de los niños, de los jóvenes, y de aportar a la construcción de una mejor sociedad, de un mejor país. 

cellular-education-classroom-159844.jpeg
Photo by Pixabay on Pexels.com

Dinámicas familiares adversas, modelos de crianza disfuncionales, problemas de aprendizaje, inhibición, o simplemente las vicisitudes propias de cada edad son parte de la trama diaria que niños y jóvenes desplazan a la escuela; muchos chicos parecen estar sentenciados al fracaso escolar, y no es hasta que un afortunado día, un maestro, su maestra, les cambia la vida. De pronto, alguien es capaz de dirigir hacia ellos una mirada, y una lectura de su comportamiento, diferente y decide acompañarlos, transitar con ellos un nuevo camino y dispone auxiliarlos para destacar sus talentos y capacidades. Se constituye en una suerte de héroe, de mentor, que llega a marcan vidas y las transforma como en esos casos que dan fe de haber sido ¡Salvados por un Maestro![ir al artículo].

Hoy a pesar del distanciamiento físico-social y la virtualidad, impuesta por una aparente eterna cuarentena, los maestros y maestras pueden – y debe – cumplir y seguir transformando su función. Ahora, desde esta inédita realidad, los maestros se constituyen en un lazo entre los niños y el mundo exterior, un mundo que es para ellos, gracias a sus maestro y maestras, menos amenazante. Con la crisis sanitaria, que llevó al cierre de los centros educativos, el papel del maestro no dejó de ser necesario, todo lo contrario, hoy, en el contexto de la redefinida normalidad, su función se transparenta y se hace cada vez más indispensable como facilitador y acompañante de los niños y jóvenes, pero también de sus padres, en la acción liberadora de aprender.

pexels-photo-935943.jpeg
Photo by nappy on Pexels.com

La labor docente es compleja, y en muchos casos en contextos adversos. Hay mucha diversidad en el salón, pero aquel maestro que se implica, en primera persona, con sus alumnos hará cosas asombrosas. Los maestros, aunque a veces las circunstancias los hacen hacer suplencia de esa figura, no sustituyen a los padres, pero ocupan un lugar-función igualmente fundante para la vida de los niños y jóvenes. 

Este es un día para celebrar ese oficio tan apasionante, pero también es un día para reflexionar sobre nuestro actuar como docentes. Es importante festejar y pensar a profundidad sobre el compromiso que tenemos todos los días en nuestras manos. Mi reconocimiento y gratitud para todos los maestros y maestras que se atreven, en un gesto de rebelión, a hacer de su labor un acto de liberación a la conciencia.

Contacta con entre-dichos, haz clic acá

La importancia de ‘sentir’ que vamos a morir y no sólo ‘saber’ que vamos a morir

[PARA DISPOSITIVOS MOVILES PUEDES IR AL FINAL DE ESTA PÁGINA Y ACTIVAR LA FUNCIÓN «VER SITIO COMPLETO» PARA SALIR DEL MODO LECTOR Y TENER VISUALIZACIÓN COMPLETA]
Por Pijamasurf extraído de culturainquieta.com

pexels-photo-1591173.jpeg
Photo by Kristina Paukshtite on Pexels.com

En esta pequeña entrevista, el psiquiatra chileno Claudio Naranjo nos introduce a lo trascendental en lo cotidiano.

Naranjo señala claramente que la muerte, pensar sobre la muerte es el principio de una vida reflexiva que accede al significado y posiblemente a la espiritualidad; es de hecho la forma universal, a la que todos tenemos acceso, para acercarnos a la espiritualidad.

El primer y más básico acto de conciencia que distingue al ser humano es notar que «vamos a morir y todas las personas que conocemos van a morir». Esto parece muy sencillo, pero es sumamente significativo, y si no nos lo parece es porque realmente no lo hemos asimilado. «Lo sabemos sólo intelectualmente, no emocionalmente», dice Naranjo. La clave, entones, yace en sentir la muerte, por más horror y contrasentido que esto nos parezca.

Explica Naranjo:

Si sintiéramos que nos vamos a morir seríamos mejores personas, no seríamos tan narcisistas, si sintiéramos que nos vamos a morir aprovecharíamos mejor el tiempo… nos dedicaríamos más a buscar aquello que no es mera supervivencia y comodidad o dinero… o estatus… las cosas más profundas de la vida las buscaríamos más si supiéramos que la vida es un recurso escaso, que lo es.

 

El terapeuta y médico chileno dice que el hecho de no sentir la muerte «es un paradigma de la represión, de la inconciencia» en la que estamos sumidos. «Mientras menos esté una persona en sintonía con sus potencialidades y con su destino, mientras menos esté viviendo para el bien de su alma y de los demás, más traumática la conciencia de la muerte».

Imagen 1
Claudio Naranjo (1932 – 2019), psiquiatra y escritor chileno, fue uno de los pioneros y máximos referentes de la psicología transpersonal.​​ | Foto: Matías Garín

Cotejemos la meditación sobre la muerte con nuestra vida común y corriente viviendo para entretenernos o pasar el rato indolentemente: «pensar en la muerte nos libera de la fantasía, de las cosas triviales, de los chismes», nos hace trascender el entretenimiento banal, «nos permite llegar a nosotros mismos, atravesar una antesala de horror al vacío».

Naranjo menciona que Gurdjieff, «el Sócrates ruso» (o armenio), decía que «se nos ha implantado un órgano especial para adormecer en nosotros la conciencia de la muerte… de la misma forma que nosotros alimentamos corderos o cerdos para engordarlos y comérnoslos, así la naturaleza también nos engorda».

De hecho, la conciencia de la muerte y de este esquema de una vida sin sentido, que es una marcha al matadero sin conciencia de lo que ocurre, constituye un rasgo definitivo de un grado superior de humanidad espiritual. «En las tradiciones espirituales, la conciencia empieza por la conciencia de la muerte o que todo es transitorio, evanescente, impermanente».

Así se conecta Gurdjieff con el Buda (quien enseñó anicca, la impermanencia de todas las cosas) y Sócrates, quien dijo que la filosofía es esencialmente un entrenamiento para la muerte, esto es, llevar una vida filosófica para que la muerte sea un acto de conciencia en el que el alma sea capaz de recordar y recobrar su propia naturaleza divina.

Claudio Naranjo – La conciencia de la muerte [VER VIDEO]

pexels-photo-1440477.jpeg
Photo by Akshar Dave on Pexels.com

Por último, Naranjo habla sobre Heidegger, el filósofo alemán para quien «El ser es ser hacia la muerte», y quien nos enseña que «si queremos despertar y ser auténticos debemos conectarnos con esa realidad». La meditación sobre el ser es una meditación sobre la muerte, la inescapable frontera que da sentido a nuestra vida y hacia la cual debemos dirigir nuestra conciencia, como un río a un mar.

Contacta con entre-dichos, haz clic acá

Estrategias iniciales para el fomento de la regulación emocional en niños pequeños

[PARA DISPOSITIVOS MOVILES PUEDES IR AL FINAL DE ESTA PÁGINA Y ACTIVAR LA FUNCIÓN «VER SITIO COMPLETO» PARA SALIR DEL MODO LECTOR Y TENER VISUALIZACIÓN COMPLETA]
Texto por Lcdo. Manuel A Velásquez Alvarado , Psicólogo Clínico y Psicoanalista Infantojuvenil

 

           «Si un niño no fue criado en el amor, sino en el miedo no aprende a amar sino a defenderse.»

Françoise Dolto

 

pexels-photo-3932961.jpeg
Photo by Tatiana Syrikova on Pexels.com

 

La psicología define las emociones como estados afectivos que experimentan los seres humanos; la emoción es una fuerza subjetiva, frente al ambiente, que regularmente se hace acompañar de manifestaciones que alcanzan el cuerpo (fisiológicas y endocrinas) y que es influida por las experiencias previas del sujeto.

Las emociones tienen una función de ajuste a lo que nos rodea, a las circunstancias, a la realidad. Implica un conjunto de cogniciones, pensamientos, actitudes, interpretaciones y creencias sobre el mundo, que utilizamos para juzgar un contexto específico y, por tanto, determina la forma en la que se percibe dicha realidad.

Es durante la primera infancia que los niños aprenden de los sentimientos, y empiezan a correlacionar situaciones con emociones. Con frecuencia recurren a manifestaciones extremas emocionales, que van desde el entusiasmo hasta la frustración. En los primeros seis años de vida se inicia el desarrollo de la autonomía emocional y física, es también durante estas edades cuando se establecen los cimientos para la autorregulación y autocontrol. A medida que la autorregulación y las habilidades de lenguaje se amplían, los berrinches o arrebatos emocionales se hacen menos intensos, más manejables y se manifiestan con menos periodicidad.

pexels-photo-3771679.jpeg
Photo by Anna Shvets on Pexels.com

6 categorías básicas de las emociones y su función

IRA: nos da acceso al enojo, el resentimiento, a la rabia y la furia. Es un estado de irritabilidad, regularmente generalizado. FUNCIÓN: Es una emoción pulsional que puede dirigirnos a la destrucción.

SORPRESA: hace referencia a un estado de desconcierto o asombro. Suele presentarse por momentos breves. Puede constituir un acercamiento de tipo cognitivo a la realidad o al evento que se está viviendo. FUNCIÓN: nos permite ubicarnos y tomar una postura particular sobre la nueva situación que enfrentamos.

EL MIEDO: es la anticipación a una amenaza o estado de vulnerabilidad y puede tener como producto zozobra, incertidumbre, inseguridad y ansiedad. FUNCIÓN: al ser una anticipación a una amenaza o situación de riesgo el impulso que genera es hacia la protección o autoprotección.

ALEGRÍA: este sentimiento nos vincula con la euforia, la diversión y a estados anímicos de bienestar, diversión y seguridad. FUNCIÓN: al darnos acceso a un estado de satisfacción busca repetir el estímulo o la circunstancia.

TRISTEZA: implica pena, pesimismo, nostalgia, soledad. Es un estado anímico que puede ser transitorio o permanente. FUNCIÓN: a pesar que puede ser un estado complicado de superar, tiene como objetivo generar una reintegración personal de nuestros referentes subjetivos.

AVERSIÓN: se relaciona con el disgusto, el aborrecimiento o el asco. Suele ser también un mecanismo de defensa ante lo que consideramos dañino. FUNCIÓN: debido a que produce rechazo nos incentiva a alejarnos, a renegar de la situación o nos produce repulsión hacia aquello que tenemos delante.

pexels-photo-3932955.jpeg
Photo by Tatiana Syrikova on Pexels.com

     Donde el lenguaje se detiene, lo que sigue hablando es la conducta.

Françoise Dolto

 

Las emociones en general tienen como resultado los sentimientos, y es a través de ellos que la persona tiene acceso a un estado anímico propio y particular. Se suele manifestar de manera física, verbal o espiritual. Forma parte de la dinámica anímica que instruye la respuesta a los eventos de la vida. Los sentimientos más conocidos son la indiferencia, el amor, el odio, la pasión y la ternura.

Estrategias para iniciar la autorregulación emocional

  • Identificación conceptual de las emociones: la primera estrategia es racional e implica la identificación conceptual y teórica de las emociones más frecuentes. No podemos regular algo que no conocemos y entendemos. Debemos empezar por las más frecuentes y recurrentes para el niño. La psicología las clasifica en dos grupos generales: a) emociones de aproximación, las cual son llamadas así por que motivan el acercamiento a contextos o circunstancias que nos genera sentimiento de bienestar. Estas pueden ser por ejemplo la sorpresa y la alegría; b) emociones de defensa, las cuales son todas aquellas que nos hacen alejarnos de una situación, contexto o personas. Estas son por ejemplo la ira o la aversión.

 

  • Re-conocerlas e identificar cuando se hacen presentes: partiendo que ya conocemos sus definiciones conceptuales, y entendemos las emociones de manera general, podemos avanzar en la dirección de re-conocerlas, lo que implica el hacernos conscientes del momento y de las circunstancias en las cuales se presentan. Debemos enseñar al niño a identificar las situaciones, contextos, relaciones o personas que pueden provocar una u otra emoción. Es importante registrar las respuestas fisiológicas, las cogniciones y pensamientos que preceden la emoción. El desarrollar la habilidad de re-conocer las emociones, y como es que estas motivan parte de nuestro comportamiento, es vital para reducir la impulsividad y promover el juicio en los niños.

 

  • No reprimir la emoción: como ya se ha dicho las emociones complementan los proceso cognitivos y mentales de los seres humanos, son las que nos permiten una interpretación particular al mundo, a las relaciones y a lo que nos pasa en la vida diaria. Desde esta perspectiva no existen emociones malas o buenas, solo emociones que nos puede hacer menos o más funcionales en las interacciones con el mundo. En ese sentido castigar, criminalizar o minimizar las emociones no ayuda a la autorregulación emocional. Reprimir una emoción no solo no es imposible, sino que en el intento podemos generar contextos de violencia y traumáticos para los niños. Un ambiente represivo hacia las emociones también interrumpe la comunicación y los espacios de expresión. Escuchar y respetar a los niños, es imprescindible, tienen derecho a sus emociones y a ponerlas en palabras.

 

  • Contener y contextualizar las emociones: ya hemos dicho que reprimir la emoción no ayuda la autorregulación, pero estas tampoco pueden fluir sin dirección o de manera desproporcionada ya que esto afecta la interacción con los demás. Las alternativas a reprimir son contener y contextualizar, esto significa darle un espacio y una intensidad adecuada a la emoción. Al ser parte del sistema psíquico humano las emociones son recursos para la interpretación de la realidad y nos llevan a la acción. Debemos validar las emociones en los niños, no darle un juicio de valor positivo o negativo, se trata de reconocer que se puede acceder a la emoción y que ello no es punitivo; desde esta perspectiva debemos enseñar al niño a que la intensidad de la emoción se regulan según el evento y las circunstancias, al mismo tiempo que le enseñamos que las emociones deben expresarse en los lugares adecuados, bajo las circunstancias pertinentes y hacia las personas correctas para darles una salida positiva, que favorezcan nuestras interacciones familiares y sociales y las hagan más saludables.

 

  • Generar juicio respecto a cada emoción: como se ha indicado cada emoción tiene un contexto y un fin, tiene un objetivo inconsciente. En la medida que los niños aprendan sobre ellas, reconozcan qué generan sus emociones, y que motivación inconsciente las impulsan será capaces de regularlas. Generar juicio implica tener plena conciencia de tres cosas: qué genera la emoción, que cogniciones y respuestas biológica se forjan al tener contacto con ellas y que acciones nos provoca, al mismo tiempo que reconocemos que alcances tienen en los vínculos en general. Implica hacer consiente cómo la salida, que se le da a cada emoción, puede integrarnos o excluirnos de un contexto y cómo fortalece o compromete nuestros lazos.

 

  • Desarrollar la empatía: regularmente la empatía se entiende como el reconocimiento de la realidad de los otros, sin embargo, esta concepción es limitada ya que la empatía implica también el reconocimiento y validación de las emociones que una situación puede generar en los demás. Este reconocimiento deberá partir de las experiencias del otro y no de las propias, es decir debemos reconocer, por ejemplo, el enojo o la tristeza en un niño por una situación particular, aunque desde nuestras perspectivas (y experiencia) no veamos motivos para acceder a esas emociones. No debemos confundir el reconfortar al otro o el enseñarle sobre la congruencia de las emociones con la represión o invalidación de estas. La única forma que un niño aprende sobre la empatía es cuando le damos acceso a ella desde sus propias vivencias y experiencias.

 

  • Desarrollar resiliencia: La resiliencia es la capacidad de las personas para sobreponerse a momentos y situaciones críticas, estresantes o traumáticas y de adaptarse luego de experimentar algún evento inusitado e inadvertido. Es la competencia individual o colectiva de reintegrarse frente a la adversidad para seguir con la vida. Esta capacidad permite fortalecer el sentimiento de valía y con ello la autorregulación emocional también se desarrolla.

pexels-photo-3932922.jpeg
Photo by Tatiana Syrikova on Pexels.com

     “… siempre que escuchas con prejuicios no escuchas”

Joseph Knobel Freud

 

Las emociones, su compresión y reconocimiento, son vitales para establecer vínculos saludables en la niñez y en la vida adulta, su autorregulación permite una convivencia más respetuosa y saludable. Es imperante reconocer que la educación emocional es un ejercicio constante que debe estar basado en la paciencia y el repasto, considerando siempre la madurez psicológica de cada etapa de la vida.

 

Contacta con entre-dichos, haz clic acá

El derecho a estar cansados (cuarentena)!

[PARA DISPOSITIVOS MOVILES PUEDES IR AL FINAL DE ESTA PÁGINA Y ACTIVAR LA FUNCIÓN «VER SITIO COMPLETO» PARA SALIR DEL MODO LECTOR Y TENER VISUALIZACIÓN COMPLETA]
Texto por Lcdo. Manuel A Velásquez Alvarado , Psicólogo Clínico y Psicoanalista Infantojuvenil

boy wearing black hat sitting on case near flowers
Photo by Victoria Borodinova on Pexels.com

 

La catarsis es la emancipación de los recuerdos que ofuscan la mente o la mesura nerviosa, tiene un efecto liberador. Para el psicoanálisis y para varias teorías psicológicas la catarsis, si bien no implica la cura, si tiene un efecto terapéutico y en momentos de emergencia subjetiva será un recurso necesario para coartar la posibilidad de acceder a cualquier manifestación de violencia. En la antigua Grecia la catarsis era una suerte de purificación de los estados de amino por medio de las emociones que provoca la contemplación de una realidad trágica.

Hoy, después de casi 60 días de cuarentena, se hace necesario legitimar el derecho a estar cansados, sobre todo a las madres y los niños. En el contexto actual hay una urgencia de atender el hogar, el trabajo, la crianza, la escuela, la pareja, en lo que parece un eterno día sin cortes o pausas. Sumemos la incertidumbre. Para muchas de las cosas, con las que debemos lidiar, las ideas se agotan o pierden vigencia con rapidez.

 

photo of a woman sitting beside statue
Photo by cottonbro on Pexels.com

 

Buscamos autorización de los demás para reivindicar el derecho de estar agotados, porque sentimos que el derecho a estarlo es igual a la queja, o que el hecho de reivindicarlo autoriza a los demás a “bajar el ritmo”.

El sentido de este derecho, no hace referencia a lo jurídico ni a lo objetivo, apunta a lo subjetivo y se refiere a la posibilidad del sujeto de nombrar el malestar, su malestar. Es poder llevar aquello que nos rebasa, lo que nos abruma, al campo de la palabra. Apalabrarlo para articular un sentido y reducir tención, para evitar la violencia, para reconocerse en falta y permitir -y demandar a otro – padre – hijo – pareja – que, en esta nueva realidad, sea un “hacerse cargo juntos”. Para entender qué debemos hacer una pausa, cada cierto tiempo, para reconocer la nueva normalidad y vivir desde ella.

Estamos agotados, es una realidad, debemos apalabrar el cansancio, darle un sentido y seguir adelante.

Contacta con entre-dichos, haz clic acá