3 claves para no ser un padre ausente

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Ser un padre ausente deriva en problemas emocionales en los niños. No te conviertas en uno de ellos con estos consejos.

Existen dos tipos de padres ausentes: el primero, es aquel que no tiene una presencia física en la vida de los hijos; el segundo, es aquel que pasa la mayor parte de su tiempo fuera de casa trabajando y cumpliendo con las responsabilidades que le corresponden. En ambos casos, la consecuencia del padre ausente radica en que los hijos se sientan solos e ignorados.

Sea cual sea la causa de la ausencia del padre, tiene la misma consecuencia: niños afectados física y emocionalmente. Para evitar ser un padre ausente te hacemos las siguientes recomendaciones.

Estar y no estar

Si vives en casa pero desconoces la mayor parte de lo que ocurre con tu familia, eres un padre ausente. En este sentido debes esforzarte en poner atención en aquellos factores que obstaculizan tu participación en la convivencia familiar. Si tienes mucho trabajo, lo mejor es establecer horarios para cada cosa. Es vital que te enfoques en una sola actividad para que esta se de calidad. Procura compartir algún deporte o hobbies con tus hijos, esto los unirá. ¡Vamos inténtalo!

La convivencia con tus hijos no solo los hará más felices, también mejorará su comunicación y la forma en cómo se relacionan. Pon atención en sus inquietudes, miedos, sentimientos, gustos, etc.

Un segundo distractor que lleva a un padre a estar ausente en casa es aislarse de la vida común familiar, no participar en los juegos o actividades educativas de los hijos. La solución para este caso es sencilla, ¡involúcrate! Con esto evitarás problemas con tus hijos a futuro.

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Cuando por distintas causas (separación, divorcio, etc.) los padres están fuera de casa, hay que buscar la cercanía de otra manera: dedicándoles tiempo libre, realizar actividades juntos, ir comer, celebrar los cumpleaños, tienes que hacer lo que sea necesario para conocer a tus hijos y recuperar el tiempo en el que no estás.

Acércate a ellos de manera amorosa, recuerda que no ellos no forman parte del problema y solo necesitan tu atención y cariño. Demuéstrales lo importantes que son en tu vida, refuerza su seguridad y confianza cuando tengas la oportunidad de conversar con ellos.

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Los conflictos en la pareja

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Aunque el matrimonio está fundado en el amor es natural que las parejas encuentren diferencias y dificultades que deben aprender a reconocer y resolver, para evitar el conflicto. Un conflicto no es un desacuerdo. Los desacuerdos son normales. Pero cuando los desacuerdos no son respetados o causan problemas en la pareja, se convierten en conflictos.

Muchas diferencias en la pareja provienen del hecho que cada uno trae consigo su propia experiencia de vida y cultura. Es decir, con frecuencia  cada cónyuge tiene una forma de hacer las cosas y de ver el mundo muy distintas, según lo aprendieron en sus respectivas familias o en el ambiente donde crecieron.

Áreas de conflicto

  • El poder

Teniendo en cuenta las responsabilidades: quien se encarga de hacer las cosas y quien decide lo que hay que hacer. Estas decisiones abarcan aspectos tan fundamentales como: Las finanzas, el cuidado de los hijos, las relaciones sociales, etc.

  • La intimidad

La intimidad se construye con una separación de la familia de origen, dando prioridad al otro en la autorrevelación y en la toma de decisiones. Por eso uno de los temas más conflictivos se da en las relaciones con la familia de origen,

  • La pasión, el afecto y la sexualidad

El amor va sustituyendo al enamoramiento, la pasión inicial va dando paso a la intimidad y al cariño, pero no por eso se puede perder la atracción que se siente por el otro como objeto y sujeto sexual.

  • La comunicación

Cuando se producen los conflictos y se enquistan se producen patrones de comunicación que perpetúan el problema y conducen finalmente a la separación.

Forma de los conflictos (Conductas)

En los conflictos se establecen formas de conductas que se hacen crónicas y agravan los problemas, algunos de ellos son:

  • Reciprocidad negativa.

El más problemático es cuando a una comunicación negativa se responde generalmente con otra comunicación negativa por parte del otro estableciéndose una reciprocidad en la negatividad que puede acabar en una escalada de violencia. Es la justicia del ojo por ojo.

  • Se discute acerca de la propia relación.

Uno de los métodos que se utilizan para resolver los problemas de comunicación es el empleo de la metacomunicación, es decir, reflexionar sobre la forma en que se está dando la comunicación. Por ejemplo, se dice “no me estás escuchando” para intentar que haya una escucha, pero el mensaje no verbal agresivo va acompañado, en general, por un componente no verbal agresivo, y el que responde lo hace al componente agresivo, lo que lleva a más discusiones, metiéndose en un círculo vicioso. En los matrimonios sin problemas contestan a la metacomunicación y no al componente emocional

  • La mujer ataca y el hombre evita o calla.

Este patrón se da cuando la mujer da respuestas hostiles mientras que el hombre se retira o no contesta, ante lo que la mujer incrementa su hostilidad porque no se solucionan los problemas. En esta escalada el hombre, quizás constitucionalmente tiene una reacción fisiológica más negativa y la aguanta menos.

  • Los cuatro jinetes del Apocalipsis

La crítica, que lleva al Desprecio que ocasiona una Actitud Defensiva Constante son tres de los cuatro jinetes del Apocalipsis de la pareja. El cuarto es la habilidad para no escuchar al otro, o se le deja hablar sin hacerle caso o se habla tanto que no se le deja meter baza.

Todos estos patrones de conductas pretenden la mayoría de las veces resolver el conflicto, pero no solamente no lo resuelven, sino que lo perpetúan y la propia interacción se convierte en el problema que lleva a la separación. No siempre los conflictos llevan a la ruptura. Se ha reportado un tipo de conflictos en los que el marido se enfada e inicia la discusión con ánimo de resolver el problema. Cuando se tiene éxito, la relación puede salir fortalecida,  en estos casos el conflicto vivido por los hijos no es negativo para ellos, incluso puede ser una ocasión para aprender a ser asertivos

Forma de los conflictos (Pensamientos)

  • Atención selectiva.

Las parejas en conflicto solamente se fijan en las conductas negativas del otro y tienden a no ver o a disminuir la importancia de las conductas positivas.

  • Atribuciones.

La atribución del problema a determinadas causas se ve como un elemento necesario para su solución, pero si no se hacen las atribuciones correctas se asegura el conflicto. Por ejemplo cuando se echa buscan culpables o se achacan los problemas a malas intenciones que nunca se pueden probar o a elementos que no se pueden cambiar como la propia personalidad.

  • Expectativas:

Si aparece una discrepancia entre lo que creen los esposos que debería ser el matrimonio y lo que perciben que es, tanto en cualidad como en cantidad, los problemas están asegurados. Se plasma en frases como “Esto no tiene solución”. “Debería ser así”

  • Ideas irracionales:

Algunas ideas aparentemente normales pueden se un foco de conflictos solamente por no ser conscientes de que lo que se piensa no es racional.  Algunas de estas ideas son: Estar en desacuerdo es destructivo de la relación, los miembros de la pareja deben ser capaces de averiguar los deseos, pensamientos y emociones del otro, uno debe ser un compañero sexual perfecto del otro, los conflictos se deben a diferencias innatas asociadas al sexo.

Los conflictos en las parejas pueden ser tratados por un especialista, quien después de una evaluación determina los pasos a seguir, buscando la mejor solución.

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Buscar ayuda puede evitar que la pareja presente enfermedades mentales y físicas, logrando que los conflictos no generen problemas en  los hiijos.


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Mi hijo/a no aprende a ir al baño

Trastorno de Control de Esfínteres

La maduración nerviosa es condición indispensable para que pueda lograrse dicho control. Alrededor de los 18 meses, el niño puede anticipar la sensación de pipí y/o decir que está mojado. Sobre los 2 años, se inicia el control: primero de día, y algo más tarde de noche. Alrededor de los 4 años debe haberse logrado.

No olvidemos que las edades son orientativas, pues todo depende de la maduración de cada niño.

Enuresis

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Es la emisión no voluntaria de orina por el día o por la noche, a una edad en la que se espera que haya control al respecto, es decir, más allá de los 3 a 4 años.

La enuresis puede ser:

  • Primaria: si el niño nunca ha conseguido controlar su pipí.
  • Secundaria: si después de un período de control no consigue volver a él.
  • Diurna: si ocurre durante el día.
  • Nocturna: si ocurre durante la noche.
  • Mixta: si ocurre en ambos momentos del día.

Factores que pueden predisponer al niño a padecer este trastorno:

  • Problema físico: Una vejiga pequeña o de musculatura débil. Es lo primero que habría que averiguar.
  • Iniciar demasiado tarde el hábito del control del pipí: Una vez pasada la edad óptima, alrededor de los 2 años, es más difícil.
  • Circunstancias críticas emocionales (factor psicológico): Nacimiento de un nuevo hermanito, separación de los padres, cambio de casa o de colegio.
  • Factor hereditario: Es frecuente que alguien de la familia haya tenido el mismo problema. Si es así, es conveniente explicárselo al niño para darle seguridad.
  • Un ciclo del sueño muy profundo que le impide recibir el aviso de «vejiga llena».
  • Padecer algún otro trastorno al que la enuresis va asociado.

Aunque suele mejorar espontáneamente con el paso del tiempo, es un tema que no debe ignorarse. El primer paso será determinar la causa del problema o el factor que lo ha podido desencadenar. Nunca se debe ridiculizar ni castigar a un niño por este hecho, ya que ello muy al contrario de hacerle reaccionar, le puede provocar importantes problemas emocionales.

Los padres pueden ayudar a los niños que se orinan en la cama de la siguiente manera:

  • Limitándoles los líquidos que toman antes de acostarse.
  • Estimulándolos para que vayan al baño antes de acostarse.
  • Elogiándolos las mañanas que amanecen secos.
  • Evitándoles los castigos.
  • Despertándolos durante la noche para que puedan vaciar su vejiga.

En algunos casos, el problema de la enuresis no puede ser resuelto ni por los padres, ni por el médico de familia, ni por el pediatra. A veces el niño muestra síntomas de problemas emocionales, tales como la tristeza o la irritabilidad constante, o un cambio en el apetito o en los hábitos de dormir.

En estos casos los padres deben de hablar con un psicólogo de niños y adolescentes, quien podrá evaluar los problemas físicos y emocionales que puedan estar causando la enuresis y ayudar al niño y a sus padres a resolver estos problemas. 

Encopresis

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Consiste en que el niño hace sus deposiciones, repetida e involuntariamente, en lugares que no son adecuados para ello, a una edad en la que se espera que haya control al respecto, es decir, más allá de los 3 a 4 años. La Encopresis puede ser primaria (si nunca se ha logrado el control) o secundaria (si se produce después de un período de control).

Este trastorno suele estar asociado a malos hábitos de aprendizaje (presiones excesivas o rigidez al exigir que el niño controle a una edad aún temprana para hacerlo), el estreñimiento crónico (que provoca una distensión del colon y la consiguiente pérdida del tono muscular, con lo cual se producen esas pérdidas), la depresión infantil u otro trastorno.

Los niños con «encopresis» pueden tener otros problemas, tales como lapsos cortos de concentración, baja tolerancia de la frustración, hiperactividad y mala coordinación. Ocasionalmente este problema de ensuciarse comienza con un cambio que produce tensión en la vida del niño, tal como el nacimiento de un hermanito, la separación o divorcio de los padres, problemas familiares, o el mudarse a un nuevo hogar o escuela. La «encopresis» es más frecuente en los niños que en las niñas.

Aunque la mayoría de los niños que se ensucian encima no tienen una condición física, ellos deben de someterse a una evaluación física completa llevada a cabo por un médico de familia o por un pediatra. Si no se encuentran causas físicas, o si los problemas continúan, el próximo paso es una evaluación por un siquiatra de niños y adolescentes.

El siquiatra de niños y adolescentes revisará los resultados de la evaluación física y entonces decidirá si hay problemas emocionales contribuyendo a la «encopresis». Será pues lo más importante identificar la causa que la produce. Según la personalidad del niño, se optará por quitar importancia al tema o por insistir al niño en que sea más cuidadoso. Eso sí, jamás se le ridiculizará ni castigará por ello.

Los psicólogos de niños y adolescentes tratan la «encopresis» mediante una combinación de métodos educativos, sicológicos y del comportamiento. La mayoría de los niños con «encopresis» pueden ser ayudados, pero el progreso suele ser muy lento y un tratamiento prolongado puede ser necesario. Un tratamiento a tiempo puede ayudar a prevenir y a reducir el sufrimiento social y emocional y la angustia para el niño y la familia.


 

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¡Adiós lágrimas!

5 consejos para despedirte de tus hijos sin que lloren

Si siempre que te despides de tus hijos para ir a trabajar lloran inconsolablemente, estos consejos son para ti. ¡Adiós lágrimas!

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Es muy común que las mamás se sientan culpables cuando tienen que regresar al trabajo y tienen que separarse de sus hijos. Sin embargo, recuerda que ser una mujer profesional no  está peleado con tu papel de mamá, el que vayas a trabajar no significa que los estás abandonando y mucho menos que esto provoque un daño emocional en los niños.

Al contrario, tienes la oportunidad de enseñar a tus hijos e hijas que eres una mujer que puede ser exitosa en lo laboral y ser la mejor mamá del mundo, ¡al mismo tiempo!

Si tus hijos están llevando mal tu ausencia, la solución no radica en que dejes de trabajar. Habla con ellos y explícales los motivos por los cuales vas a trabajar, habla con el corazón y verás como ellos te entenderán.

Cómo decir adiós sin que lloren tus hijos

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1. Un día antes prepara junto a tus hijos la cena, el lunch, revisa sus tareas, etc. El objetivo es que te hagas presente en su día a día.

2. Siempre sonríe cuando te vayas, evita las caras tristes y de preocupación. No hay por qué hacerlo, vas a trabajar y en la tarde regresarás contenta a casa. ¡Olvídate de la idea del abandono!

3. Cuando te despidas, dales un beso grande y diles que «disfruten su día», «qué la pasen genial» en lugar de hacer un «drama» y decirles que los vas a extrañar o que la vida es injusta porque te vas.

4. No prolongues la despedida. Entrar y salir sólo empeorará la situación. Si dices adiós, te marchas. Si tu hijo se queda muy mal, justo antes de irte prométele que llamarás en cuando llegues al trabajo (o antes de meterte en el coche) para comprobar que ya está jugando (y lo haces, claro).

5. Usa la tecnología a tu favor. Llama para saber como va todo, mándales un mensaje donde les digas cuánto los quieres, haz un video chistoso de tu trabajo, comparte con ellos tus logros, etc.


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Trastorno de la Atención

Sindrome Déficit Atencional:

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Cualquier niño puede no prestar atención, distraerse con facilidad, actuar de manera impulsiva o ser hiperactivo a veces, pero el niño con este síndrome muestra estos síntomas y este comportamiento con mayor frecuencia y severidad que los otros niños de su misma edad o nivel de desarrollo. Este cuadro ocurre en el 3 a 5% de los niños de edad escolar. Suele comenzar antes de los siete años y continuar hasta que el niño llega a ser adulto.

Aún cuando el niño con este síndrome quiere ser un buen estudiante, su comportamiento impulsivo y su incapacidad para prestar atención en clase con frecuencia interfiere y le causa problemas. Los maestros, los padres y los amigos saben que el niño se está portando mal o que es diferente, pero no saben exactamente qué es lo que está mal.

Existen varios subtipos de Síndrome de Déficit Atencional, según predomine la desatención o la hiperactividad:

  • Tipo predominantemente COMBINADO: Cumple los criterios de atención y de hiperactividad.
  • Tipo predominantemente HIPERACTIVO: Cumple los criterios de hiperactividad pero no llega a los necesarios de falta de atención.
  • Tipo predominantemente DE ATENCIÓN: Cumple al menos seis de los criterios de déficit de atención, pero no los de hiperactividad.

El más común es el combinado y, en las niñas, parece predominar el de inatención. En los tipos combinados, la hiperactividad e impulsividad hacen que, con bastante frecuencia, sufran accidentes, puesto que no son capaces de calibrar los peligros de sus acciones (cruzar en rojo, patinar en terrenos no adecuados, lanzarse con la bici por una cuesta muy empinada, etc.)

¿Quiénes deben realizar el diagnóstico y cómo tratarlo?

En principio, el diagnóstico y el tratamiento deben ser el multidisciplinar. El examen de un psicólogo, y de un psiquiatra o neurólogo es imprescindible, porque las áreas que estos profesionales abarcan son básicas para reeducar un síndrome de déficit de atención con hiperactividad.

El tratamiento debe ser farmacológico y de orientación psicológica, con la finalidad de conseguir una reducción de la hiperactividad y un tratamiento adecuado para modificar las conductas impulsivas e incrementar la atención. El tratamiento farmacológico debe ser prescrito por un neurólogo o psiquiatra.

No es aconsejable medicar a un niño menor de seis años, aunque se han tratado niños de tres años cuya sintomatología era muy grave y el beneficio de la terapia farmacológica era imprescindible.

Desde luego los fármacos no son la panacea del tratamiento pero facilitan la tarea cuando se tiene que seguir una reeducación y un tratamiento psicológico con estos niños. Cerca de un 20% de los niños pueden dejar la medicación al cabo de un año, puesto que además se supone que se ha trabajado con ellos desde el plano psicológico.

El tratamiento psicopedagógico tiene tres grandes frentes, familia, escuela y terapia, que deben conocerse perfectamente para poder trabajar sobre las diferentes áreas y conductas.


Fuente: http://www.psicologiainfantil.cl/ • Imagen: neuropsin.wordpress.com

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Señales de que una evaluación por un Psicólogo de niños y adolescentes puede ser de gran ayuda:

Niños 

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  • Cambios importantes en el rendimiento académico.
  • Malas calificaciones en la escuela, a pesar de hacer un esfuerzo notable.
  • Mucha preocupación o ansiedad excesiva, lo que puede manifestarse en su negativa para asistir a la escuela, acostarse a dormir o participar en aquellas actividades normales para un niño de su edad.
  • Hiperactividad, inquietud, movimiento constante, más allá del juego regular.
  • Pesadillas persistentes.
  • Desobediencia o agresión persistente (más de 6 meses) y conducta provocativa hacia las figuras de autoridad.
  • Rabietas frecuentes e inexplicables.

Pre-Adolescentes y Adolescentes 

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  • Cambios marcados en el aprendizaje en la escuela.
  • Dificultad para enfrentarse a los problemas, situaciones o actividades diarias.
  • Cambios significativos en ámbitos de dormir o alimenticios.
  • Muchas quejas físicas.
  • Representaciones sexuales.
  • Estado depresivo manifestado por un estado de ánimo y actitud persistentemente negativo, con frecuencia acompañado de apetito pobre, dificultad en el dormir e ideas relacionadas con la muerte.
  • Abuso de drogas o de alcohol.
  • Miedo intenso a tornarse obeso sin tomar en cuenta su verdadero peso al presente, purgar los alimentos o restringir el comer.
  • Pesadillas persistentes.
  • Amenazas de hacerse daño a si mismo o hacerle daño a otros.
  • Comportamiento de infringirse heridas o autodestructivo.
  • Arranques frecuentes de ira y agresión.
  • Amenazas de irse del hogar.
  • Violación persistente de los derechos de otras personas de forma agresiva o no agresiva; reto a la autoridad, ausencia a escuela, robos o vandalismo.
  • Pensamientos y sentimientos extraños, comportamiento poco usual.

 

Fuente: http://www.psicologiainfantil.cl/ • Imagen: www.clinicaferrusbratos.comfmdiabetes.org

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“La psiquiatría está en crisis”

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En 1955, habían en Estados Unidos, 355.000 mil personas en hospitales psiquiátricos; en 1987 había 1.250.000; y en el 2015 la cifra se disparó a más de 5 millones de personas. Hoy tenemos más psicofarmacos, más tratamientos, pero las cifras no parecen menguar ¿Qué estamos haciendo mal?

Robert Whitaker es el autor de Anatomía de una epidemia, libro en el que denuncia el erróneo camino que ha tomado la psiquiatría durante las últimas décadas y en esta entrevista nos da algunas explicaciones:

Pregunta: ¿En qué consiste esa historia falsa que, dice usted, nos han contado?

Respuesta: La historia falsa en EE UU y en parte del mundo desarrollado es que la causa de la esquizofrenia y la depresión es biológica. Se dijo que se debían a desequilibrios químicos en el cerebro; en la esquizofrenia, por exceso de dopamina; en la depresión, por falta de serotonina. Y nos dijeron que teníamos fármacos que resolvían el problema como lo hace la insulina con los diabéticos.

Pregunta: ¿Vivimos en una sociedad en la que necesitamos pensar que las pastillas pueden resolverlo todo?

Respuesta: Nos han alentado a que lo pensemos. En los cincuenta se produjeron increíbles avances médicos, como los antibióticos. Y en los sesenta, la sociedad norteamericana empezó a pensar que había balas mágicas para curar muchos problemas. En los ochenta se promocionó la idea de que si estabas deprimido, no era por el contexto de tu vida, sino porque tenías una enfermedad mental, era cuestión química, y había un fármaco que te haría sentir mejor. Lo que se promocionó, en realidad, en Estados Unidos, fue una nueva forma de vivir, que se exportó al resto del mundo. La nueva filosofía era: debes ser feliz todo el tiempo, y, si no lo eres, tenemos una píldora. Pero lo que sabemos es que crecer es difícil, se sienten todo tipo de emociones y hay que aprender a organizar el comportamiento.

Pregunta: ¿Qué le dice usted a la gente que está medicándose? Algunos tal vez no la necesiten, pero otros tal vez sí. Este mensaje, mal entendido, puede ser peligroso.

Respuesta: Sí, es verdad, puede ser peligroso. Bueno, si la medicación le va bien, fenomenal, hay gente a la que le sienta bien. Además, el cerebro se adapta a las pastillas, con lo cual retirarla puede tener efectos severos. De lo que hablamos en el libro es del resultado en general. Yo no soy médico, soy periodista. El libro no es de consejos médicos, no es para uso individual, es para que la sociedad se pregunte: ¿hemos organizado la atención psiquiátrica en torno a una historia que es científicamente cierta o no?

Hay que ser cuidadosos con llevar el trabajo de Whitaker al extremo. La psiquiatría es útil y necesaria en el cuidado y bienestar de las personas. El problema está cuando los médicos se olvidan de la complejidad de las personas y que el ambiente, el contexto, la familia, las relaciones sociales y la vida misma juegan un rol fundamental en la salud y no sólo el cerebro.


Fuente: http://www.psyciencia.com/ • Imagen: infoapsalud.wordpress.com

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¿Cuándo buscar ayuda profesional para su hijo/a?

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Los padres son usualmente los primeros en reconocer cuando un hijo tiene un problema emocional o de comportamiento. Aun así, la decisión de buscar ayuda o consejo profesional puede ser difícil y dolorosa, pues, en muchas ocasiones, se hace difícil saber en qué momento esto es realmente necesario.

Uno se resiste quizás porque considera que no le van a decir nada nuevo, o que en caso de hacerlo será cómo poner en entredicho su capacidad, como padre o adulto, de resolver determinado problema. Sin embargo, pedir ayuda, no sólo como padre, sino también desde cualquier rol o situación que la vida nos plantee, es una actitud de lo más madura y consciente, propia de alguien que usa su decisión y los medios que están a su alcance para afrontar determinada problemática.

Muchas veces no sabemos si es suficiente o no lo que nos está ocurriendo, a nosotros o a nuestros hijos, como para consultar a un especialista. Ese punto o límite es algo totalmente individual y subjetivo, que queda marcado de forma distinta por cada persona.

Sin embargo, hay situaciones objetivas generales, que indican la necesidad de hacerlo:

  • Siente que las cosas le superan como padre/madre.
  • Su hijo es caprichoso y no sigue las pautas que usted le indica.
  • La relación conyugal se ha tornado pobre y no hay un buen clima afectivo.
  • Usted ha vivido o está viviendo una crisis importante en la familia: pérdida del trabajo, mudanza de vivienda, cambio de escuela, muerte de un familiar o alguien allegado, una enfermedad grave, separación de su pareja, etc.
  • Su hijo tiene problemas en la escuela.
  • Su hijo tiene malas relaciones con sus compañeros.
  • Usted castiga a sus hijos física y/o emocionalmente.
  • Su hijo le castiga a usted física o emocionalmente.
  • Su hijo es demasiado activo e inquieto.
  • Su hijo está deprimido, ha perdido interés por la vida o ha intentado suicidarse.
  • A usted le preocupan demasiado los aspectos de la adopción.
  • A su hijo le preocupa demasiado el tema de la adopción y usted no se siente capaz de tranquilizarlo.
  • La conducta, personalidad y amistades del niño han cambiado de forma drástica; quizás exista un problema de alcoholismo o drogas.
  • Usted no se siente capaz o con fuerzas para encarar determinado problema.

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Señales de que tu hijo puede estar sufriendo abuso sexual

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Aunque no hay un comportamiento definido ante el abuso sexual, ya que cada niño y contexto es diferente; existen ciertas conductas que son señales de alarma de que algo ocurre.

1. Niños pequeños

– Tiene pesadillas

– Pinta dibujos siniestros

– Representa o imita actos sexuales al jugar con sus juguetes

– Desarrolla un miedo inexplicable a ciertas personas y lugares

– Se niega a hablar acerca de un secreto que comparte con un adulto u otro niño

– Nombra o apoda sus partes privadas

– Muestra una regresión a comportamientos infantiles, como hacerse pipí en la cama

– Muestra una alta dependencia y ansiedad

– Cambia sus hábitos a la hora de comer o pierde el apetito.

Aunque no son frecuentes, también puede haber señales físicas como dolor, decoloración, sangrado o descargas/ secreciones no comunes de genitales, ano o boca, y sentir dolor al orinar.

2. Adolescentes

– Cortarse o hacerse daño a si mismo

– Hablar del suicidio

– Depresión o ansiedad

– Escaparse de casa

– Promiscuidad.

– Abuso de drogas y/o alcohol

– Falta de higiene personal.

Si crees que tu hijo/a está siendo víctima de abuso sexual, acude inmediatamente a denunciarlo a las autoridades. Se trata de una situación extremadamente seria y necesitarás ayuda experta para afrontarla.


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¿Cómo saber si un adolescente necesita ir al psicólogo?

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Un adolescente puede necesitar recurrir a un psicólogo por varios motivos, quizá se siente agobiado por sus cambios de carácter y hormonales, o porque se vive una situación familiar inestable, o tal vez crea que no encaja en su grupo de amistades.

Otro motivo por los que un adolescente necesita la ayuda de un profesional es porque padece alguna de las enfermedades que se califican como mentales, sin que por ello quiera decir que tu hijo está al borde la locura, algunas de ellas son:

  • Depresión
  • Ansiedad
  • Trastorno bipolar
  • Esquizofrenia
  • Trastorno de la personalidad
  • El trastorno de estrés postraumático
  • Trastorno por déficit de atención
  • Déficit de atención con hiperactividad

Si un adolescente padece alguna de estas enfermedades pero no se trata o no tiene un diagnóstico certero, puede recurrir a la automedicación, lo cual es un peligro ya que de no encontrar alivio, estará propenso a caer en las drogas, el alcohol, o a padecer problemas relacionados con la alimentación.

Señales que un adolescente necesita ir al psicólogo

1. Cambios de humor

Los padres conocemos mejor que nadie a nuestros hijos, los cambios de humor son normales en la etapa adolescente, pero cuando éstos son exagerados, continuos y conllevan algún tipo de riesgo dejan de serlo.

2. Variaciones en el comportamiento

Al igual que el punto anterior está dentro de lo previsto, sin embargo si de pronto actúa de modo muy diferente a lo que solía hacerlo, puede indicar que este consumiendo algún tipo de sustancia.

3. Cambios en sus círculos de amistades

Pasar de ser un joven sociable a que de pronto se aísle, puede ser un indicio de que algo va mal, pero también el que de forma repentina cambie de amistades y percibas que está más agresivo.

4. Síntomas físicos

Puede sentirse con falta de energía, con más apetito o dejar de comer, no dormir bien, tener dolores musculares o de cabeza y descuidar su aspecto personal; éstas son otras señales de que un adolescente necesita ayuda psicológica.

5. Otros signos de alarma

Hay algunas señales que realmente no dejan lugar a dudas de que un adolescente tiene que acudir a un psicólogo, éstas son:

  • Consumo de drogas
  • Alcoholismo
  • Autolesiones
  • Conductas de escape

Si observas algunos de los síntomas antes descritos no esperes que tu hijo te lo cuente todo y puedas llegar por ti mismo al fondo del problema. Llévalo a un profesional, en ésta etapa de la vida la desorientación que muchas veces sienten los jóvenes puede conducirlos a tener reacciones peligrosas en relación a otros y a sí mismos.


Fuente: http://www.imujer.com 
Imagen: www.elpradopsicologos.es